Teorías de conspiración

Ya que siempre me dicen que tengo teorías para todo, y que debería escribirlas, para no olvidarlas, me dedico a ponerlas aquí, aunque sé que no se me van a olvidar porque 1: no son teorías, sino hechos, y 2: porque nadie me lee.

Y es que sucede lo siguiente: soy buena sabiendo cómo son las personas. Esto no lo digo por inmodestia, está clarísimo, sino porque a una de las primeras personas que analicé para llegar a esa conclusión fue a mí.

Cuando conozco a alguien, me comporto (interiormente) como un científico frente a un experimento. Y tengo clasificaciones. Todos mis amigos, conocidos, novios, familiares… son como alguien más, a no ser que sean los primeros -los sujetos para comparar-, en cuyo caso, si decido comunicarles mi opinión especializada sobre ellos, reciben explicaciones relativas a situaciones (para que se sitúen, evidentemente).

Así, evito relaciones profundas con una persona que reúne esa serie de características que no me son compatibles (que no resultan defectos, ni no-cualidades, sino que nada tienen que ver con mi definición de mí misma).

El problema es cuando me encuentro con personas que reúnen unas cuantas cualidades -y defectos- que me encantan, pero que también cargan (sin saberlo) con actitudes, comportamientos, maneras, etcétera, que nada tienen que ver conmigo. Es, en esas situaciones en las que me vuelvo totalmente loca. Y me da por… fijarme en esa persona!

Pero esa persona,  consecuencia de su lado malo (si, ya dije que no era malo ser diferente a mí, pero tengo que llamarle de alguna manera y todo depende siempre de las perspectivas) tiene relaciones con sujetos (y sobre todo, sujetas) que no (NO) soportaría a mi alrededor ni callad@s.

Y es que olvidé explicar al principio el tipo de persona que soy yo. Se los diré, miembros de mi público meta, porque si no, no comprenderían nunca el motivo de este post. Aunque, claro, soy consciente de que, de existir ustedes, lectores imaginarios, ya hace rato abandonaron la lectura, porque me estoy poniendo cíclica.

No insistan, se los contaré: soy una hojita. Y una partícula. Soy pequeña (no solo físicamente) y me dejo atraer. Si llego a un nuevo grupo, identifico directamente a las personas que son núcleos duros. No digo la estrella sociométrica (aunque a esos los distingo fácilmente, está claro) sino a los que tienen la fuerza para atraerme. Sé que estos personajes nucleares pueden obligarme a permanecer en su órbita, así que los analizo desde la distancia para decidir si acercarme o no, en vistas de que un movimiento en falso me llevará directamente a la perdición. (¿Ven? A eso me refiero con explicar con situaciones: las otras personas hojitas/partículas serían “como yo”)

Sin embargo, soy una partícula específica y hay otros tipos de centros que no me atraen, sino que me repelen. ¿Conocen a esas personas a las que les gusta que todo el mundo se enamore de ell@s? Si, esos que necesitan que todos sus amigos lo sean porque se la pasan diciéndole que es la persona más hermosa y atrayente del mundo. Quienes son incapaces de mantener relaciones de amistad con sujetos de su mismo sexo, solo por el hecho de que no se babean por ellos. Vamos! Claro que los conocen, todo el mundo conoce a alguien así.

Ahora bien, pónganse en esta situación imaginaria específica:

Usted sería una persona hojita, si, que se deja arrastrar por el viento, y se ha fijado en usted un núcleo duro, de los geniales, los de química. ¿Ya? este núcleo lo mima, demuestra que usted le interesa mucho y le sostiene la mano cuando suceden las cosas más desastrosas del mundo. Todo va bien, super bien. Pero, ay de usted! Esa persona es un núcleo tan potente que atrae a la persona céntrica de las del otro tipo (manual para perdidos: sujetos descritos en el párrafo anterior), quien no sabemos muy bien si cayó por el encanto de la persona núcleo (quien es irresistible) o porque necesita, como siempre, confirmar sus habilidades seductoras y tiene entre ceja y ceja el objetivo de que el hermoso, amable y ajeno núcleo se fije en ella.

¿Qué puede hacer una hojita? Lo primero tratar de determinar si el interés del núcleo es suficiente como para no caer entre las garras malévolas de la ojiclara Céntrica. Pero recuerde: usted es una partícula, y teme de todo. Entonces usted, -erróneamente, está bien; sin razones, puede ser; naturalmente, si- se pone celoso.

Y entonces, empieza la decadencia, porque usted, inseguro y pequeño, molesta al núcleo con peleas innecesarias, sueña cosas espantosas en momentos indebidos, y lo peor: alerta a su núcleo sobre la posibilidades de atraer a otros sujetos.

Y en esa situación ficticia, amigo lector que no lee nada, (porque no existen ni usted ni la situación) empieza a dudar hasta de su enorme capacidad para valorar a las personas. Y se enreda. Y hace un blog y no le dice a nadie que lo ha hecho.

En fin, que lo que quiero decir desde el principio es que estoy jodida, tengo esta estúpida manera de ver todo y a todos, y me gusta un hombre que me hace sentir como una niña tonta, y que me alegra los días, y que se sabe los coros de las canciones insospechadas, pero que tiene una vida aparte de mí, y que hemos chocado como dos planetas (o como un planeta y un meteorito) y no me adapto a la idea de que por una vez no tengo idea.

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