Diario

Encontré por ahí un pedazo de papel, que parece que me sirvió de diario un día que no recuerdo. No me malinterpreten, recuerdo las cosas que menciono, sin embargo, no logro capturar el momento exacto en que me senté a escribir. Lo transcribo, porque parece que en su momento quise que el momento trascendiera. Y parece que estuvo bien, al menos no había pasado todo lo malo.

27 de agosto de 2014.

Si leo mis diarios, el 27 de agosto no ha sido un día muy bueno para mí. Por lo menos no lo fue el 27 de agosto de 2012. Sin embargo, hoy tengo un día normal, podría decirse que bueno.

Estoy en Ceiba, mi lugar preferido en el mundo. Son las 11 de la mañana y tengo el pelo suelto y ropa de dormir. Estoy a un paso de la cama, como siempre en estos lares.

No se equivoca mi hemana: Ceiba es Macondo. No hay Compañía Bananera, pero hay Cítricos Ceiba. Por lo demás, es todo lo mismo: un pueblo tan pequeño que yo, una extraña, puedo reconocer quién vive en qué casa. Y también tengo mis historias de Ceiba.

Hay días tristes, pero Ceiba me ha dado a mí muchísmas alegrías. En Ceiba viven las personas que más quiero. En  Ceiba he reído, he soñado, he amado y he sufrido. Solo aquí me siento viva. El resto son momentos: Ceiba es el centro de lo que soy.

En Ceiba di mi primer beso, en Ceiba celebré mi primer 14 de febrero cursi, en Ceiba viví con mi hermana y mis sobrinas, y aquí, en casa de Jose y Angelita jugué canasta hasta el amanecer, dormí en el suelo, me reí a gritos y lloré sola detrás de una puerta, esperando a alguien que no llegó.

En Ceiba comí langosta y aceitunas, recibí el piropo de un reguetonero famoso, lloré de madrugada abrazada a la espalda de mi tía, sufrí por peleas tontas con Jennifer y Jessica que son mis hermanas, y jugué con niños desconocidos a juegos de parque que ya olvidé.

Hoy no puede ser un mal día, porque estoy en Ceiba, porque no hay peligro de desiertos, porque duermo de día y río de noche, porque estoy invitada a comer, porque hay esperanzas de volver a vivir todo de nuevo: de volver a cuidar a mis sobrinas, de volver a ser abrazada por mis primas, de hacerle peinados a mi tía, de reirme con mi abuela, de hablar de libros con mi tío Papucho, de ser feliz.

Si pudiera capturar un momento, sería el ahora, aquí, en la mesa del comedor, sabiendo que todos los que quiero están bien, que la vida es buena, que tengo suerte de ser yo.

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